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viernes, 31 de octubre de 2014

La mujer que gastaba las escobas


Selección y traducción de Máximo Damián Morales.
Ilustraciones de Fernando Molinari.


Este relato forma parte de una gran cantidad de historias, de tradición oral, en el que difícilmente pueda encontrarse su origen. Aquí presentamos la versión que podemos calificar como "más objetiva".


Había una vez un joven matrimonio muy feliz. El hombre se llamaba José y la mujer tenía por nombre Alba. Los dos eran personas muy trabajadoras y gozaban de muy buena salud.
El marido trabajaba como empleado en una tienda de telas, cuyo dueño de origen judío, le había tomado mucho cariño. De a poco había ido ganándose su afecto y respeto hasta convertirse en el encargado general, y aspiraba a que, algún día, cuando el dueño falleciera, le legara la tienda, ya que éste no tenía hijos.
La mujer era fuerte y de penetrante mirada, su cabello tenía unos pocos rizos colorados y su nariz estaba moteada por algunas pecas. Trabajaba todo el día en la casa, limpiando, dándole de comer a los animales y cuidando la pequeña huerta. Aún no tenían hijos pero deseaban tenerlos.
Todos los domingos se ponían sus mejores ropas y concurrían a la misa de la parroquia del lugar.
Todos los lunes, cuando el marido se preparaba para ir a trabajar, ella le pedía dinero para comprar una nueva escoba. José no podía entender cómo hacía para gastar una escoba por semana.
—¿Pero qué es lo que haces con las escobas, mujer?
—Querido esposo —respondía ella con su más dulce voz—, entra mucho polvillo, barro y hojas de afuera, y sabes que yo soy muy limpia. Es mi deso que nuestro hogar sea un lugar libre de suciedad. Además, dime: ¿en qué clase de casa te gustaría que criara a tus hijos?
El marido no tenía ganas de discutir por una escoba, así es que le dejó una moneda más sobre la mesa y partió a su trabajo.
Todos los lunes José le dejaba dinero para que su esposa comprara una escoba nueva y hasta un par de veces, llevado por la curiosidad, él mismo revisó la usada antes de arrojarla al fogón como leña. Todas se encontraban en un estado deplorable, algunas estaban tan gastadas que casi no les quedaba paja.
Un domingo en la misa, José quedó impresionado por el sermón que dio el sacerdote. Habló de brujería y de los poderes oscuros que el Diablo utilizaba para atraer a sus víctimas y conseguir adeptos que dañaran, por medio de hechizos terribles, a los pobres y fieles cristianos.
—La mujer —decía el cura con el dedo índice levantado como dando una sentencia— es especialmente débil frente a las artimañas del Diablo. Recuerden que fue una mujer, Eva, la que mordió la manzana y se la ofreció a Adán y por ese motivo fueron expulsados del Paraíso, que Dios había hecho para ellos, para que vivieran en la total y absoluta felicidad.
La gente asentía los dictámenes del sacerdote y guardaban el más inquebrantable silencio, prestando especial atención a sus palabras. Muchas de las personas de ese pueblo, por primera vez, estaban oyendo un sermón interesante, algo que verdaderamente valía la pena escuchar.
—Hacer brujería es lo mismo que hacer un pacto con el Demonio —continuaba el sacerdote—. Hay que prestar atención a las pequeñas pruebas, los detalles que nos demuestran, con la luz de la verdad, que la oscuridad mora entre nosotros.
Toda la gente del pueblo regresó a sus casas con las palabras del cura en su memoria; el miedo atenazaba sus almas y las dudas mortificaban su mente.
A la mañana siguiente José se preparó para ir a trabajar, desayunó con su esposa y luego, antes de marcharse, ella le dijo:
—Déjame una moneda para una escoba nueva.
José se estremeció porque sintió que en esas palabras resonaba la voz del Diablo. ¿Sería su mujer una bruja? ¿Qué clase de brujerías haría con las escobas que él le pagaba? Cuando llegó a ese pensamiento, su corazón dio un vuelco: ¿el también sería atrapado por las garras del Demonio por contribuir a los hechizos con escobas que él mismo compraba?
La mujer había dejado sus tareas y lo miraba fijamente. ¿Podría leerle el pensamiento? ¿Era su mujer o el Demonio quien lo estaba mirando de esa forma?
—Aquí tienes, mujer, una moneda ganada con el sudor de mi frente como Dios manda.
Alba, sorprendida, tomó la moneda y luego sonrió.
—Que te vaya bien, querido.
El día de trabajo fue terrible, y José calculó mal varias veces la longitud que debía cortar y desperdició varios metros de preciosa tela. Las cuentas no le salían, la tijera no cortaba, le dolía la cabeza y no podía pensar en otra cosa que no fuera su mujer, el Diablo y las escobas.
Caminó lentamente de regreso a su casa, fue rezando y tratando de tranquilizarse.
—Tal vez —se decía a sí mismo— yo estoy asustado y mi pobre mujer no es más que una trabajadora de Dios que cumple con la tarea de mantener limpio el hogar.
Pero decidió que, a partir de ese momento, le prestaría atención al estado de las escobas.
Su mujer lo esperaba con una suculenta cena caliente, y a pesar de que José desconfió en un primer momento, comió toda la comida que le sirvió. Ella se fue a acostar y, antes de hacerlo él, buscó la escoba y la encontró casi como nueva. Suspiró y se fue a dormir.
A la mañana siguiente se levantó y fue a averificar cómo estaba la escoba: se encontraba en el mismo estado y lugar en que la había visto a la noche.
Más tranquilo, desayunó con su amada y partió al trabajo.
La jornada resultó buena y José regresó a su casa como siempre. Cenó con su esposa, quien le dijo que estaba cansada, y le propuso irse a dormir más temprano. José también sentía sueño, pero antes de acompañarla fue a ver la escoba: se encontraba en el mismo estado que el día anterior. Regresó con su mujer, se sumergió entre las mantas y se durmió inmediatamente.
A la mañana siguiente se levantó, desayunó y estaba por irse a trabajar cuando vio que la escoba, apoyada contra el umbral de la puerta que daba hacia la calle, estaba casi deshecha, como si alguien la hubiera usado toda la noche.
Su corazón dio un vuelco. Miró a su mujer y, aún poniéndose el chaleco, partió rápidamente sin saludar.
—¡No puede ser! —se quejaba mientras caminaba hacia la tienda—, ¡mi mujer no puede ser una bruja!
Otra vez volvió a tener un mal día de trabajo, la gente que entraba en la tienda se iba sin comprar y los géneros que cortaba siempre eran demasiado cortos o demasiado largos.
Regresó a su casa con el semblante serio, pensando que no se dejaría engañar por las argucias del Diablo. Decidió que, a partir de ese momento, no comería nada de lo que ella le preparara.
Alba notó el cambio de actitud de su marido: él casi no le hablaba, no comía y, a la noche, se levantaba a cada rato.
José se levantaba todas las noches para verificar el estado de la escoba, que se encontraba igual de estropeada que la última vez que la había visto. También espiaba a su esposa y la observaba dormir.
La falta de buena comida y de sueño lo estaban mortificando demasiado, no era lo habitual para alguien que llevaba una vida cómoda. Iba a desistir de sus espiadas nocturnas, hasta que llegó la noche del viernes.
José luchaba interiormente para mantenerse despierto pero aparentando que dormía. Como si se tratara de un juego, acompasó su respiración e, incluso, emitió algunos ronquidos.
De pronto, su mujer se volvió en la cama y lo observó detenidamente. José la podía ver entre las pestañas de los párpados que mantenía casi cerrados.
La mujer se levantó suavemente, casi sin mover la cama. Entornó la puerta y caminó hasta la cocina sin encender ninguna luz. José, a su vez, se levantó despacio y, sin hacer ruido, se acercó a la rendija para espiarla.
Vio que su mujer se quitaba toda la ropa, quedándose completamente desnuda. El reflejo de la luna brillaba sobre su cuerpo pecaminoso. Nunca la había visto así, tan radiante, tan libre, tan atractiva y tan... ¡desnuda!
La lujuria se apoderó de su alma, la pasión le golpeaba cada centímetro de su cuerpo, pero rezó a Dios para que le alejara esas sensaciones lujuriosas.
Mientras luchaba con sus emociones, seguía espiando. Ahora su mujer tomaba un frasco con un líquido espeso de color verdoso, y metiendo dos dedos dentro de él, comenzaba a untarse todo el cuerpo.
Sentimientos encontrados de odio, miedo, pasión y vergüenza se sucedían en el interior del alma de José. ¿Qué debía hacer?
Finalmente decidió esperar y ver lo que hacía su esposa.
Alba tapó el frasco y lo guardó cuidadosamente en el armario, luego caminó hasta el umbral de la puerta donde estaba apoyada su escoba, la puso entre sus piernas y flexionando las rodillas se sentó sobre ella. Mencionó unas palabras mágicas, se elevó en el aire y desapareció por la chimenea.
José estaba atónito, su cuerpo temblaba. Rápidamente se calzó los zapatos y salió corriendo en busca del sacerdote.
Al llegar a la parroquia golpeó desesperadamente las puertas.
El cura le abrió y le preguntó:
—¿Qué sucede, José?
—Algo terrible, he visto algo terrible, padre.
El sacerdote lo hizo pasar y, luego de sentarlo y ofrecerle un vaso de agua, por fin, José le contó todo lo que había visto.
El cura lo miró con semblante serio y finalmente habló:
—Pues, por lo que me dices, tu mujer es una bruja, hizo un pacto con el Diablo y deberá pagar las consecuencias. Has hecho bien en venir y contarme, así estarás libre de pecado y expiarás tus culpas.
José estaba destruido y se aferraba con ambas manos su cabeza desgreñada.
El cura lo tomó de un hombro y le dijo:
—No te preocupes, hijo, has hecho lo correcto.
El sacerdote mandó a su ayudante a buscar a los guardias que llegaron pronto.
—Rápido, debemos hacerlo rápido antes de que se dé cuenta la bruja —dijo el cura.
Los hombres partieron en la noche, armados con espadas, dagas y antorchas. El sacerdote iba a la cabeza con un ejemplar de las Sagradas Escrituras.
Llegaron a la casa de José y sorprendieron a la mujer en la cama.
—No nos engañas, Diablo —dijo el cura sarcásticamente.
Alba se despertó sobresaltada, parecía no saber lo que ocurría.
—¿José? ¿Eres tú? ¿Qué pasa? ¿Qué hacen todos estos guardias en nuestra casa?
—No es tu casa —respondió rápidamente el sacerdote—, el Diablo no tiene cabida en este lugar.
—¡Pero yo soy su mujer!
—¡No, eres una bruja! —repuso el cura con énfasis.
Los guardias la destaparon y la arrancaron de la cama, luego, le amarraron las manos a la espalda.
—¡Córtenle el cabello para que no pueda hacer su magia demoníaca! —ordenó el hombre del clero.
IlustraciónUno de los guardias sacó una daga y comenzó a cortar tanto pelo como piel de la cabeza de la mujer, que se debatía con todas sus fuerzas.
—Arrojen su escoba del demonio al fuego, ¡que arda ahora como ella arderá en un futuro cercano!
Los guardias tomaron la escoba desgarbada y la arrojaron al fuego con temor.
—¡José! —gritaba Alba—, ¡ayúdame por favor!
—Te vi volar —dijo José, casi como en un susurro.
Ella cerró los ojos y bajó la cabeza, presa del mayor dolor: su esposo la había denunciado.
El juicio fue rápido, varios testigos aseveraron haberla visto cruzar el cielo montada en su escoba y algunos más aseguraron haber sido víctimas de maleficios que ella misma había elaborado.
La quemaron en la plaza pública, frente a los ojos de cientos de personas que concurrieron al macabro espectáculo. Todos los hombres, mujeres y niños del pueblo contemplaron la ejecución de la bruja llamada Alba. Todos menos su marido, José, que a partir de ese día ya no volvió a sentir alegría y, poco a poco, se fue sumergiendo en una angustia cada vez más profunda hasta que murió. Algunos dicen que murió de pena, debido a su remordimiento por lo que había hecho, pero muchos más dicen que murió hechizado por el último deseo de la bruja llama Alba, la mujer que gastaba las escobas.

Roberto Rosaspini Reynolds nació en 1940 en El Bolsón, provincia de Río Negro, Argentina. De ascendencia doblemente celta —irlandesa por la rama paterna y celtíbera por la materna—, inició sus experiencias literarias como traductor, tarea que le permitió finalmente dedicarse a la investigación de un tema que lo cautivó desde muy pequeño: el universo de lo irreal y lo fantástico. Es autor de varios libros sobre cultura celta, entre otros. Falleció en Buenos Aires en abril de 2003, cuando los originales de Cuentos de duendes. Relatos mágicos celtas, su obra póstuma, estaban en imprenta.
Máximo Damián Morales nació en la ciudad de Buenos Aires en 1973. Es editor y dicta numerosas charlas y talleres sobre literatura fantástica y participa activamente en varios eventos relacionados con la mitología celta, la ciencia ficción y la fantasía.
Fernando Molinari nació en 1963 en Buenos Aires. Autodidacta, se desempeña como artista plástico, ilustrador y profesor de artes gráficas y plásticas. Su interpretación y su afinidad con las figuras mágicas lo han convertido en uno de los mayores representantes de su género. Los interesados en ver más trabajos de Fernando Molinari pueden visitar su página web: www.fernandomolinari.com.ar
Nota de Imaginaria: Información sobre los autores obtenida en la página web de Distribuciones Alfaomega S. L. (www.alfaomega.es).

por Marcela Carranza.

miércoles, 3 de septiembre de 2014

EL MÁGICO MUNDO DE LOS DUENDES

Roberto R. Reynolds & Fernando Molinari

Formato: 300 x 220 x mm 
Encuadernación: Rústica con solapa
Páginas: 96
ISBN: 9789507540899
Ediciones Continente




¿Quiénes son los duendes? ¿Cuáles son sus funciones en el universo? ¿Cuándo y dónde se originaron? ¿Hay duendes malignos y duendes benévolos? ¿Qué características y costumbres los asemejan y cuales los distinguen entre si? ¿Cómo podemos verlos y entrar en contacto con ellos? Si lo logramos, ¿qué podemos esperar de sus tratos y pactos con los humanos? ¿Dónde, cuánto, cómo y de qué viven? 
En este libro presentamos una serie de respuestas a todos estos temas que tal vez siempre quisiste saber (y quizás nunca te atreviste a profundizar), tratados de una manera sencilla y amena, pero no por eso menos exhaustiva. De esta forma, los autores presentan un nuevo volumen de textos e ilustraciones sobre el universo feerico, esta vez relacionados con el "mágico mundo" de los duendes.
Este libro conforma la segunda etapa de una investigación ya iniciada en Hadas, duendes y otros seres mágicos celtas y continuada luego en El mágico mundo de las hadas, pero desde una óptica más universal que los anteriores, ya que abarca a personajes de lugares tan distantes y disimiles entre sí como Japón, Groenlandia, África, Europa y, por supuesto, América del Sur y la Argentina.






miércoles, 24 de julio de 2013

CUENTOS DE DUENDES DE LA PATAGONIA

Y de otros seres mágicos del sur de América

Autor: Néstor Barron
Ilustración: Fernando Molinari
Páginas: 128
Formato: 15,5 cm. x 23 cm.
ISBN: 978-950-754-211-4


Los seres mágicos son, es cierto, patrimonio de toda cultura originaria, de cualquier latitud. Pero los pueblos nativos de América, y en especial los del Sur, están sin duda entre los más creativos a la hora de desplegar ese abanico que constituye todo imaginario popular: duendes, sirenas, criaturas mágicas, hadas, espíritus de luz, entes oscuros, fuerzas invisibles y animales fantásticos se multiplican en las tradiciones de los mapuches, los tehuelches, los huillichas o los onas como en pocas otras culturas del mundo.
Estos pueblos nos han legado una cosmovisión de una originalidad notable, plena de imaginación pero también de profunda comprensión de las relaciones y el equilibrio universales; una filosofía que es poesía y religión a la vez, y sobre todo, una riquísima herencia de personajes, relatos y fábulas que, gracias a la tradición oral, sobrevivió a todo y llegó hasta nuestros días con su vitalidad intacta. Esa tradición está recogida aquí desde una perspectiva actual, buscando un encuentro fértil entre el lector y el mundo originario en el que fueron concebidos los seres mágicos que pueblan los cuentos de este libro.

miércoles, 29 de mayo de 2013

El Mágico Mundo de los Magos.

Autor: Máximo Morales. 
Ilustraciones: Fernando Molinari.
ISBN: 950-754-107-1
Páginas: 96
Formato: 22 cm. x 30 cm.
Editorial: Ediciones Continente.



¿Qué son los magos y dónde viven? 
¿Cuáles son sus poderes? 
¿Cuántos tipos de magos existen?
¿Qué fines persiguen?
¿Qué utilizan para hacer sus hechizos?

Se abre para nosotros una nueva puerta hacia el mundo de lo fantástico, esta vez para develarnos los misterios de la magia y sus protagonistas: hechiceros, shamanes, nigromantes, druidas, invocadores, sus secretos y recetas.Recorre estas páginas y descubre en sus relatos la fascinante historia de los más grandes magos de todos los tiempos. Encuéntrate en cada ilustración con el misterio y el poder de estos maravillosos seres.

miércoles, 15 de mayo de 2013

El Mágico Mundo de los Dragones.



Autor: Máximo Morales
Ilustraciones: Fernando Molinari
Nº de páginas: 136 págs.
Encuadernación: Tapa blanda
ISBN: 9789507541759

¿Qué es un dragón?

   Dentro de toda variedad de criaturas mágicas y mitológicas que pueblan la imaginación popular, los dragones ocupan un lugar de privilegio. Diferentes culturas les conceden distintos significados, poderes, aspectos particulares, pero en cada una de ellas su nombre es legendario.
   La figura del dragón, tal como la conocemos actualmente: cuerpo cubierto de escamas, dos o cuatro garras, gigantescas alas de murciélago que surgen de sus hombros, lengua bífida, cuernos, aguzados colmillos y aliento flamígero, proviene de grabados y descripciones de origen medieval europeo.
   Pero si se comparan de forma y el significado que le adjudican al dragón diversos pueblos del mundo, se observará que, si bien esta criatura posee una esencia mágica común en todos ellos, en cada lugar tiene características físicas y simbólicas propias.
   En Oriente, por ejemplo, el dragón tiene una fisonomía más parecida a la de una serpiente alada y un significado más elevado que en Occidente.
   En las culturas de la Mesopotamia, el dragón es visto como una criatura acuática, más parecido al cocodrilo.
   El dragón occidental, que siempre ha sido concebido como 
un ser malvado (Borges nos recuerda que San Agustín dice que el Diablo "es león y dragón, león por el ímpetu y dragón por la insidia"), está asociado a la oscuridad y tiene su madriguera en la tierra.
   En cambio en China, el dragón, es una criatura aérea que tiene su nido en las aguas, produce tormentas ( por lo tanto, también puede producir viento o invocarlo) y es el portador de las lluvias.
   Se ha llegado a comparar al dragón con la mítica Ave Fénix, por su capacidad de resurgir de sus propias cenizas.
   En síntesis, el dragón se ha convertido en un icono de la fantasía.
   Diversas obras enciclopédicas y bestiarios remiten a un concepto similar de dragón en cuanto en ellos se lo designa como una serpiente de gran tamaño.
    Pero...¿ es el dragón una serpiente? A mi entender, no; sin embargo, en un intento de mantener una mentalidad abierta para incluir en el concepto de dragón a todos los dragones, sin importar de qué cultura provengan, los invito a optar, junto conmigo, por esta definición: una gruesa y alta serpiente con alas y garras (caracterización que incluye desde los dragones europeos, americanos y africanos hasta los orientales). 


lunes, 24 de septiembre de 2012

El mágico mundo de las Hadas.


Autor: Roberto Rosaspini Reynolds 
Ilustraciones Fernando Molinari
ISBN: 950-754-074-1
Páginas: 96
Formato: 22 cm. x 30 cm.


A lo largo de su historia, los hombres han buscado respuestas para lo inexplicable. Esa sed de comprensión lo han llevado a poblar el mundo de seres que viven en la leyenda y que son guardados por la tradición oral. Entre ellos se destacan las hadas, pequeños seres fantásticos que han cautivado la imaginación de la humanidad desde tiempos inmemoriales. Todas las culturas han construido historias y relatos que las tienen como protagonistas.

El mágico mundo de las Hadas es una verdadera enciclopedia de hadas de todo el mundo. Escrito por el reconocido Rosaspini Reynolds, tiene el acierto de haber escapado de la versión monopólica de Disney de las pequeñas hadas buenas otorgadoras de deseos, con pequeñas alitas en la espalda y ruido de campanillas al volar. Aquí están las verdaderas hadas, algunas bellas y caprichosas; otras horriblemente malvadas. Rosaspini nos cuenta sus costumbres, sus hábitats y algunos relatos del folklore popular de los siete continentes.

Las ilustraciones son de Fernando Molinari. Algunas, apenas bocetadas en lápiz negro estimulan la imaginación; mientras que otras, perfectamente logradas con suaves colores, muestran su dominio del dibujo. Molinari también se aparta de la visión occidental de las hadas.

Este libro forma parte de la colección Mágico Mundo de la editorial Continente.


Un viaje a través de los sueños, la cultura y la historia de la humanidad para que lo recorran los niños más grandes y también los adultos.